Periódico virtual
EAFIT.PAZ
Columna de opinión
La
paz, un asunto más allá del acuerdo
Parecieran obvias y claras las causas del
conflicto armado en Colombia y que los argumentos referentes a las diversas
manifestaciones de violencia, ya están dispuestos plenamente por los
noticieros.
Pese a que son vastos los
estudios o diagnósticos sobre las causas y factores de la guerra, siguen siendo
divergentes las opiniones y escasos los consensos que contribuyan a la construcción de un verdadero
proceso de paz en el país (no del acuerdo realizado en la Habana).
Aunque algunos autores y ensayistas difieren
sobre la realidad y continuidad histórica de la violencia, queda claro que esta
procede de la debilidad del Estado para resolución de conflictos que sean - en muchos casos-, ajenos a sus
intereses políticos, sociales y económicos particulares.
Está claro también que la consolidación de la
guerra, está soportada en la falta de decisiones democráticas y en los modelos
de gobierno excluyentes y ajenos a las realidades sociales. Realidades que se
han encrudecido con el tiempo y alimentado en la ausencia del Estado en varias
regiones del territorio colombiano.
En mi análisis personal, no es posible atribuir
las acciones del conflicto armado a aspectos como la política o al descontento
social, cada secuestro, cada extorsión, cada transacción con drogas ilícitas y
cada asesinato a líderes políticos, hace parte de un acto puro de delincuencia
que no podrá ser de ninguna manera, justificado.
No obstante, y sin pretender ahondar en las causas históricas de la violencia, es importante recordar que parte del conflicto se originó en temas como la reforma agraria, en ideologías, en la política bipartidista o en las decisiones del Frente Nacional; si bien, estos factores tuvieron gran incidencia en el conflicto del país, el centro de este artículo es cuestionarse cómo el consenso, mencionado por Eduardo Pizarro en uno de sus ensayos, puede ayudarnos a construir relaciones de paz.
A partir de la lectura de Pizarro, surge el interrogante sobre ¿Cómo el consenso puede ayudarnos a combatir factores tan
importantes como el narcotráfico, el secuestro, la extorsión, la narco-política
y la economía de guerra?.
¿Cómo el consenso nos permitirá evitar nuevos reclutamientos
de jóvenes y campesinos sin oportunidades que creen ver en la guerra una razón
noble, para combatir los problemas sociales?
¿Cómo la unidad en las opiniones, basadas también
en los principios de la ética y la moral pueden ayudarnos a evitar tomar
justicia por mano propia y venganzas posteriores a quienes en medio del conflicto han causado múltiples daños a la sociedad?
¿Cómo el consenso permitirá legitimar
nuevamente los poderes del Estado y de las fuerzas militares, y cómo la
unanimidad evitará que el Estado deje transformar nuevamente un frente guerrillero
en una fuerza militar?
Es fundamental que los análisis preliminares, como por ejemplo los consolidados por Eduardo Pizarro con referencia al conflicto armado, den paso a las acciones, al cuestionamiento y al cambio, es probable que el país no cambie solo con ideas o consensos, pero la deliberación de las ideas, la participación democrática y la acción colectiva, podrían instaurarse como ese primer gran paso para la consolidación de un auténtico proceso de paz.
Crónica
¿Godo o Liberal?
Por: Natalia Llanos Zapata
Estudiante de Maestría
https://soundcloud.com/nataliallanos22/godos-o-liberales
Esta es la historia de Hortensia Jiménez de Velásquez, mi bisabuela. Nació en 1912 en Maceo, Antioquia, un pequeño municipio ubicado en la subregión del Magdalena Medio.
Hortensia nunca vivió en el campo, sus padres
tenían una casa grande en el parque principal y algunos negocios que le
permitían vivir cómodamente.
A los 14 años se casó (por obligación) con
Vicente Velásquez, un hombre varios años mayor que ella. Vicente tocaba
perfectamente el tiple y era limitante del partido liberal.
Pese a no estar muy enamorada, Hortensia logró
vivir en armonía durante sus primeros años de matrimonio, armonía que fue entorpecida
durante el tiempo de “violencia”, por un conflicto bipartidista en el que ser
liberal le costó a Vicente -mi bisabuelo-, que le cortaran un dedo de su mano
derecha y que otros dos dedos se los dejaran inservibles. Ser liberal le costó
a Vicente el no poder volver a tocar su tiple.
Tras varias amenazas, y como bien se ha documentado
en otros miles de casos en el país, Vicente y Hortensia, iniciaron su éxodo a Medellín,
junto con sus 9 hijos, esta vez para una casa sin patios, ni solar y sin los
beneficios de los negocios familiares.
Se encausó pues, un nuevo periodo de injusticia
y pobreza en el departamento.
Años más tarde y sentada en una mecedora,
Hortensia lograba recordar algunos sucesos de su pueblo, conectar las ideas fue
un proceso sin éxito, pero aprendí de una guerra de godos y liberales y de una
chusma naciente, que había cambiado para siempre la tranquilidad de Maceo, casi
a modo de chisme, relataba que muchos de ellos no pertenecían a ninguna
corriente y que solo se aprovechaban del contexto de violencia, para saquear los
negocios y amenazar a la gente.
Vicente y Hortensia, no volvieron nunca a Maceo,
Antioquia.


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